Piratas en Cozumel

La historia es sólo una, lo que cambia es la forma de contarla y mucho tiene que ver de qué lado está aquél que la escribe. El mundo no era muy diferente en el siglo XVII: había una superpotencia mundial y era España, que descansaba plácidamente sobr

La historia es sólo una, lo que cambia es la forma de contarla y mucho tiene que ver de qué lado está aquél que la escribe. El mundo no era muy diferente en el siglo XVII: había una superpotencia mundial y era España, que descansaba plácidamente sobre la riqueza que obtenía de los territorios conquistados alrededor del mundo. Poseía tantas tierras que la Reina Isabel reclamó el mar para Inglaterra.

Separada de la Iglesia Católica hacía unos años y aislada de Europa por el Canal de La Mancha, este decreto significó la libertad total en el mar para Inglaterra y sus súbditos. Por ejemplo: lo que el Imperio Español consideraba la peor de las lacras, era objeto de honores y títulos nobiliarios otorgados por los Reyes de Inglaterra. La fama de los Piratas es tanta que aun en nuestros días son protagonistas de fantasías, terrores y romances.

Uno de los más temidos por la corona española fue el galés Sir Henry Morgan, quién comenzó sus ataques en Santiago de Cuba para después asediar los puertos novohispanos de Campeche y Villahermosa. La leyenda dice que en su huída hacia el Caribe dio de pronto con la isla de Cozumel. La isla estaba abandonada para entonces. Los Mayas habían migrado poco a poco a la parte continental desde la llegada de los españoles, y estos la habían abandonado al encontrar puertos más seguros en el golfo.

Le resultó tan ideal la isla a Morgan, por sus caletas y cuevas, que estableció aquí su guarida por muchos años. También encontró en las tumbas y ruinas mayas el lugar perfecto para esconder los botines. Aquí pudo haber planeado y preparado los ataques a puertos y ciudades en Centroamerica y el Caribe.

La fama de sus proezas estuvo a punto de provocar una guerra entre España e Inglaterra, por lo que se le ordenó regresar a Londres so pretexto de ser arrestado. Esto núnca sucedió, fue una farsa para tranquilizar al Imperio. A los 45 años Sir Henry Morgan fungía como Gobernador de Jamaica. Aunque breve, su estancia pacífica en la isla hace que se le recuerde en el nombre de un prestigioso restaurante.